domingo, 19 de agosto de 2007

Algunas consideraciones sobre Gran Hermano

De “1984” de George Orwell a Gran Hermano Famosos: juegos de poder y control social

Uno de los lugares donde el trinomio privado – público – íntimo toma una forma particular y específica es en el programa televisivo Gran Hermano, que en el caso de la actual edición Argentina, tiene la singularidad de que sus participantes poseen cierto "capital" de fama. Allí, las luchas de poder se encarnan en los participantes, poniendo de manifiesto ciertos mecanismos estudiados desde la sociología.
El origen del nombre del programa proviene de uno de los personales más famosos de la literatura del siglo veinte. La figura de Gran Hermano surge de la novela "1984" de George Orwell, publicada en 1949 y llevada al cine y al teatro en más de una oportunidad. Años más tarde, Orwell comentó que la trama de la novela le fue sugerida luego de una visita a la Rusia de Stalin, dónde el rígido sistema comunista "moldeaba" cierto tipo de ciudadanía, a partir de la puesta en marcha de ciertos mecanismos de vigilancia y control. A partir de esa realidad, el autor fantaseó como sería la futura sociedad de control en el año de 1984, donde el Gran Hermano es comandante, guardián de la sociedad, juez supremo o presidente, que controlará todos los movimientos de sus habitantes. El protagonista de la novela es un individuo que, aún a riesgo de ser condenado a muerte, trata de librarse del control gubernamental que ha instalado cámaras en todas las viviendas con el objeto de vigilar cada movimiento de los ciudadanos. La necesidad de libertad y de que nadie lo controle, llevan a Smith a darse cuenta que el temido "Gran Hermano" se mueve por puros intereses económicos, pese a justificar dicho control como un beneficio para los ciudadanos. Después de que Orwell hablara de una sociedad vigilada por un personaje omnipresente y autoritario llamado Gran Hermano, el filósofo francés Michel Foucault hizo alusión a un tipo de sistema carcelario en el que el individuo siente que puede ser visto en cualquier momento. Tanto la figura arquitectónica del régimen expuesto por Orwell como la base de la estructura del actual formato televisivo tienen sus orígenes en el concepto del "Panóptico de Bentham": una construcción en forma de anillo que tiene una torre en el centro con anchas ventanas que abren a la cara interior y desde la cual se controlan todas las celdas. De este modo se puede vigilar a todos con la particularidad de que quien vigila no es visto. Michel Foucault nos muestra en su obra "Vigilar y castigar", que nada es más material, más corporal que el ejercicio de poder. Estudia la materialidad del poder desde sus extremidades; no trata de analizar las formas regladas y legitimadas del poder en su centro, sino de agarrarlo en su capilaridad, en sus instituciones más regionales donde no adopta la forma de grandes principios jurídicos sino de multiplicidad de tácticas que parecen neutras o sin importancia (el examen, la revisión médica, los test). "Se trata, en cierto modo, de una microfísica del poder que los aparatos y las instituciones ponen en juego, pero cuyo campo de validez se sitúa en cierto modo entre esos grandes funcionamientos y los propios cuerpos con su materialidad y sus fuerzas"1. En "Vigilar y castigar" muestra cómo estos mecanismos microfísicos de poder, que los aparatos y las instituciones ponen en juego, se materializan en el cuerpo (tecnología política del cuerpo). Lo que buscó es intentar demostrar cómo las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos. La salvedad en el caso del juego televisivo es que los participantes deciden deliberadamente someterse a este tipo de control de las cámaras permanente y total. Su aislamiento es deseado. Pueden, además, interactuar con el resto de los participantes y, en caso extremo, abandonar la casa. El objetivo que se persigue, por parte de los organizadores del programa en su búsqueda de mantener altos niveles de audiencia, es inducir a la persona a un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder. Dentro de ese encierro y en esas condiciones, a su vez, los participantes despliegan ciertas estrategias y se ponen en funcionamiento habilidades para hacerse con el poder dentro de la casa y ganar el juego, que se traduce en una suma fija de dinero. El final de la novela Orwell es muy poco alentador y allí si se puede hacer una analogía con el juego de TV. Después que el personaje principal fue derrotado por el sistema y, una vez comprobado que no supone ningún riesgo, liberado, termina cayendo en la manipulación y adorando al Gran Hermano, algo similar a lo que sucede con el formato televisivo. Todos sueñan con ser parte del ciclo y convertirse en estrellas de la televisión. La novela de George Orwell es un claro ejemplo de cómo la ciencia ficción puede influir en la sociedad.

Para comenzar

Inauguramos este blog con el objetivo, como lo dice su nombre, para algo que no hacemos habitualmente, precisamente, pensar, reflexionar y debatir. En él van encontrar notas y comentarios que espero les resulten de interés. Además (y esto especialmente para los alumnos) algunos trabajos prácticos para elaborar y responder.